Los magos del frío

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Recientemente  se revisó a la baja la proyección de crecimiento de la actividad económica del Perú, al margen que no es un fenómeno aislado, en la región, si me sorprendo que los más pesimistas pronósticos vienen de formadores de opinión locales, a diferencia del optimismo intacto que se mantiene en el exterior; ser tremendistas solo lograra afectar adversamente las expectativas, aumentando la probabilidad de una desaceleración mayor. Veamos esto.

Un indicador macroeconómico importante es  el llamado Producto Bruto Interno (PBI) que no es más que la suma de todos los ingresos o toda la producción (de bienes finales) del país durante un determinado periodo. En  dólares nominales en el 2012 el PBI peruano alcanzo los US$ 200.642 mil millones; para tener una idea de las proporciones, el PBI mundial a dólares nominales en dicho año fue de US$ 71.896 billones. Ojo, que si el interés es mirar el bienestar, el PBI es muy imperfecto, puesto que el  objetivo de un mayor crecimiento de este, debería especificar de qué y para que, tal como lo menciono el propio Simón kuznets, inventor del sistema  de contabilidad de ingresos nacionales; así seamos conscientes de las limitaciones del crecimiento del PBI como indicador inequívoco  del bienestar.

Oficialmente el pronóstico de crecimiento del PBI paso de 6 al 5.5%. Si la economía peruana es más abierta, los vasos comunicantes con la economía internacional son más amplios y por ello los efectos de coyunturas externas sobre nuestra economía son más rápidos de ocurrir y menos mediatizados. A alguien se le ocurriría que como consecuencia de la reducción de las compras de bonos por parte de la Fed (el Banco central gringo)  el famoso “tapering” y la consecuente suba gradual de la tasa de interés internacional, los flujos de capitales que antes llegaban a raudales a economías emergentes como la nuestra, no se reducirían a la vez de haber presiones al fortalecimiento del dólar?  O que la desaceleración del crecimiento chino y su reenfocamiento hacia más consumo  y algo menos de inversión no nos pega por el lado de precios de commodities? ¿Somos inmunes seámoslo siempre?

Debacle inminente?  Creo que no.  Comparado con el 2013 la proyección de entrada de capitales de largo plazo es menor en el 2014, 7.4%del PBI frente a un 9.5% según el último reporte de inflación del BCRP, pero este indicador no puede verse aisladamente, debe verse -si de mirar la salud financiera externa se trata – con respecto a su (bastante holgada) capacidad de financiamiento del déficit en cuenta corriente el cual es de 4.3% del PBI, y para estos fines se usan cifras y proyecciones anuales y no de cuatrimestres o trimestres aislados.  Ciertamente si realmente la desaceleración fuese tan profunda como dicen algunos, entonces como explicar que el riesgo país (EMBIG PERU) se mantenga casi inmóvil en 155 pbs, o que las RINs US$ 65,066 millones al 27 de mayo (que equivalen a casi toda la liquidez) y sus componentes como son la posición de cambios del BCRP, los depósitos del sistema financiero (encajes) y los depósitos del sector publico sigan aumentando, que  la inversión bruta fija como porcentaje del PBI sigan aumentando sostenidamente proyectándose que sea un 27.4% y 27.7% del PBI para el 2014 y 2015,  o se cree que los inversores  ponen plata cuando las perspectivas son pesimistas? Es hora que estos pesimistas, magos del frio (uno de ellos con su bola de cristal pronostica 4.5% de crecimiento) dejen este peligroso juego, miremos más bien como reto, como hacer para enfrentar los efectos adversos de la coyuntura económica externa. Bajar la tasa de referencia  y/o subir el gasto de inversión pública? Reforzar confianza para nuevo impulso inversión privada? Tiempo de decisiones no de dilaciones.

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2 comentarios sobre “Los magos del frío

  1. Efectivamente, las proyecciones de crecimiento negativo, basadas en expectativas pesimistas no fundamentadas, resultan ser profesías de auto cumplimiento que magnifican peligrosamente los efectos de las causas económicas adversas internas y externas. Me parece que en este fenómeno, las personas que laboran en la oferta de los sectores menos afianzados en la demanda de productos y servicios básicos, operan como amplificadores y altoparlantes en la difusión de la alarma económica, y por ello, naturalmente, no se les puede culpar.

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