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Reiteradas veces he referido que una tasa de crecimiento proyectada de 4% para este año -dada nuestra actual estructura productiva- es insuficiente para absorber a los casi 250,000 jóvenes que anualmente se incorporan al mercado laboral. El caso es que habría indicios que pondrían en duda la mencionada tasa, razón  por la cual se necesita apuntalar la dinámica del PBI, a través de implementar una política fiscal y monetaria expansivas, existiendo espacio para hacerlo sin mayores presiones inflacionarias resultantes. Miremos algunos de estos indicios sobre el PBI y algunas acciones de política macro sugeridas.

Un hecho real es que el PBI efectivo anual ha venido creciendo por debajo del PBI potencial, el cual hace tres años nos posibilitaba crecer hasta 6% anual sin presiones inflacionarias; luego del fenómeno de El Niño costero y la caída de la productividad factorial, nuestro límite de crecimiento por año se redujo al 4%. Está claro que si no aumenta el stock de capital físico y humano, así como el producto medio de los factores productivos, este tope al crecimiento anual-proveniente de factores de largo plazo se mantendría invariable, con lo cual ofrecer tasas de crecimiento anual mayores al 4% es vender humo.

El punto es que si, por un lado, poco o nada se está haciendo para revertir esta restricción a la dinámica del PBI en el corto plazo -proveniente del PBI potencial-, el asunto se complica más cuando observamos que actualmente podría no realizarse el crecimiento del PBI proyectado para este año en 3.9%, dada la existencia de indicios de efectos encontrados: una tasa de crecimiento de solo 1.58% en enero, hay señales de un debilitamiento de la demanda, cuando vemos desde diciembre una tendencia decreciente de la tasa inflacionaria anualizada, dentro del rango meta anunciado por el BCRP (3 a 1%), como también –aunque con menos contundencia- vemos parecida tendencia para el caso de la tasa de inflación subyacente. A esto se añade la desaceleración del crecimiento de la masa salarial que incide directamente en el consumo privado, factor relacionado a su vez con la economía urbana -implicando esta al 80% del PBI y el 70% de la población-.

Otro dato es la reducción proyectada de la tasa de crecimiento de la inversión pública – según el BCRP- del 2.8% al 1%, poniéndose así todos los huevos en la canasta, de aumento de la demanda, en el aumento de la inversión privada en minería, no obstante la desaceleración de la economía mundial, y con un hasta ahora incierto desenlace del problema de Las Bambas.

En contraposición, algunos indicadores adelantados de febrero como la producción de electricidad, que subió 5%, y el aumento en la recaudación del IGV interno en 5%, indicarían una marginal recuperación del PBI, razón por la cual es fundamental para consolidar esta incipiente recuperación aplicar una política macroexpansiva.

Una política monetaria expansiva implicaría reducir prudentemente en 25 puntos básicos la tasa de interés de referencia, cuyo nivel en términos nominales está desde hace varios meses en 2.75% y en términos reales en 0.35%, bastante más baja que la tasa neutral actualmente de 1.7%. El abaratamiento del crédito impulsaría la demanda vía aumento del consumo y la inversión.

Por el lado fiscal no hay mucha ciencia por aplicar. Bastaría aumentar el nivel de ejecución presupuestal, por ejemplo, del programa de Reconstrucción con Cambios.

En suma, este es el momento oportuno para aplicar una política macroexpansiva, retrasar esta decisión de gestión económica podría ser como abrir el paracaídas a 10 metros del suelo.

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