¿Ya fuimos?

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Dado el crecimiento de la economía de casi cero en abril (0.02%), el obligado tema es saber si esto es solo un breve bache en la dinámica de la evolución del PBI (limitada por el producto pleno empleo al 4% anual), y entonces las cosas se componen sin hacer nada, o más bien se necesita tomar acciones de política macroeconómica. Me inclino más por esto último.

El PBI en abril tuvo un aumento interanual de 0.02%, la tasa más baja desde julio del 2009 (-1.4%). Factores explicativos de este casi nulo crecimiento es la menor captura de anchoveta (-89.8%), lo cual afectó a los sectores pesca (-63%) y manufactura primaria (-34.2%). Al efecto negativo de la pesca sobre el PBI (0.5 ptos) se suma el del sector manufactura que restó (1.76 ptos) y minería e hidrocarburos, restaron 0.35 puntos más, definiéndose así un efecto negativo acumulado de 2.61 puntos. Cabe mencionar que la pobre performance en abril también responde al haberse tenido dos días laborables menos por Semana Santa.

De otro lado, mirado por componentes de la demanda, destaca el aumento en abril de la inversión pública (18.9%) –que obviamente impulsó el salto del sector construcción. Contrariamente, en mayo la inversión pública se contrajo en 13.3%, siendo esta retracción relevante, dado que en este mismo mes pesca sigue cayendo (32%), arrastrando a la manufactura primaria; y si enfrentamos un sector externo que no ayuda: menores flujos comerciales y fortalecimiento del dólar, caída en precios del cobre, revisiones a la baja de proyecciones de crecimiento de la economía mundial, entre otras linduras, está claro que la demanda interna tiene un rol central, y de sus componentes el más a la mano, como instrumento macro, es la inversión pública, no solo por su efecto multiplicativo, sino también por su efecto sobre las expectativas.

Mitos urbanos y la esperanza en la inversión pública. Corregir un par de frecuentes errores sobre la inversión publica ayudaría a conceptuarla mejor: comúnmente se tiende a evaluar la importancia del gasto de capital del Estado solo por su participación en el PBI (5%), obviando que el crecimiento de este genera importantes externalidades positivas, en la forma de inducir más inversión privada.

Piénsese en el efecto económico de la integración a los mercados, que logran agricultores cuyas parcelas están en los alrededores de una carretera construida como un proyecto de inversión pública. Otro error es suponer que la inversión pública solo se asocia a gasto de capital y en lo absoluto a gasto corriente, obviando que los resultantes gastos de mantenimiento se constituyen como gasto corriente de carácter inercial o continuo.

¿Por dónde comenzar para lograr mayor ejecución de inversión pública? Miremos un caso emblemático de esta, como es el Programa de Reconstrucción con Cambios. De enero a mayo habría ejecutado solo el 12.7% del presupuesto anual, sobre una base original de S/ 2,200 millones para el 2019. Por ello, poco se entiende la reciente elevación del presupuesto asignado al programa a S/ 7,000 millones para este año. ¿Qué de diferente será hecho para revertir los bajos niveles de ejecución? Este incremento al programa que no gasta lo que tiene, se contrapone a la reciente frase del ministro de Economía: “Gastemos lo que tengamos”. De no resolverse estas contradicciones y sigue pasando el tiempo, como dirían los chicos: “ya fuimos” en el intento de crecer al menos 3% en el 2019.

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