Política fiscal y fantasías

Imagen12.pngEn el ultimo mensaje del 28 de julio, el presidente Vizcarra señalaba que nuestra economía crecería 3.5%. Poco menos de un mes después, el Marco Macroeconómico Multianual 2020-2023, elaborado por el MEF, refiere una proyección de crecimiento para el 2019 de 3%. ¿Qué cambió en los fundamentos macro en estas tres últimas semanas? Nada central.

Por ello, que el presidente haga anuncios sobre irreales tasas de crecimiento, no ayuda a mejorar las expectativas, como tampoco ayuda que por el lado de la política fiscal esta no sería suficientemente contracíclica, Veamos esto.

A inicios de año, los pronósticos oficiales proyectaban entre 4.2% y 3.8% de crecimiento para el 2019 -anuncios sobre los cuales varios señalábamos ya, en aquel tiempo, sobre lo irrealizable de dichas tasas-. ¿Y cómo vamos ahora? Habiendo crecido en 4% en el 2018 y solo 1.7 en el primer semestre del 2019, esta desaceleración del PBI responde a un innecesario sobreajuste fiscal, cuando el sector público no financiero entre enero y julio del 2019 acumuló un superávit económico de S/ 6,919 millones, superior en S/ 4,535 millones respecto a similar periodo del 2018.

A ello se suman algunos choques de oferta adversos como la caída de precios del cobre, más la mayor volatilidad por desaceleración de la inversión y consumo interno, y un dólar más caro producto de la guerra comercial entre EE.UU. y China; todo esto explicaría la desaceleración actual de la economía peruana. Tal como están las cosas, la política fiscal en curso, ¿qué tanto es funcional para revertir la desaceleración de la economía hoy?

Dada la desaceleración del PBI, la política macroeconómica (fiscal y monetaria) sirve para revertirla. Viendo el lado fiscal, una manera simple de evaluar la postura, es observar el Resultado Económico Nominal del Sector Público no Financiero por su simplicidad y también porque se usa para evaluar el cumplimiento de las reglas fiscales.

Al respecto, la desaceleración económica afectó adversamente la recaudación, que anualizadamente cae 0.5% en julio. Esta reducción en los ingresos llevaría en julio al déficit fiscal (DF) a 1.6% del PBI, el cual mostraría una tendencia al alza, por la caída de los ingresos fiscales desde mayo, a la vez de una menor ejecución del gasto público a no más del 30% en el periodo. Resultado que se da en un contexto en el que el MEF buscaría consolidar un DF de 1.8% del PBI% para este año, siguiendo una trayectoria descendente, quizá más preocupado por las finanzas que por la economía.

Aparte del problema por revertir, la subida del DF por menores ingresos se requiere efectivizar un mayor gasto a nivel de devengado (y no solo certificado), siendo esto clave para reactivar la demanda y PBI. Por otra parte, el actual deterioro de expectativas sobre la economía haría que la inversión privada no minera (84% del total) crezca en no más del 1%, con lo cual es fantasía que la inversión privada crezca 4% en el segundo semestre tal como señala el MEF.

Dado este estado de cosas, seguiré insistiendo que por el lado fiscal hay acciones pendientes por desarrollar, que impulsarían rápidamente el gasto, como direccionar recursos hacia el mantenimiento de infraestructura, por ejemplo, repriorizar unidades ejecutoras en el Programa de Reconstrucción con Cambios desde regiones y municipalidades hacia el Gobierno nacional, al contar este con una mayor capacidad instalada para proyectos de importante magnitud.

Estamos aún a tiempo para un MEF más proactivo. Que efectivamente desarrolle una política fiscal contracíclica en la magnitud necesaria. ¿Lo hará?

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