Destruyendo instituciones… Y a la economía también

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El enfrentamiento abierto entre el Poder Ejecutivo y un crecientemente desacreditado Congreso, que el lunes tuvo como corolario el cierre de este y como respuesta, la ilegal suspensión del mandato del presidente y la juramentación de la “presidenta” Aráoz, por parte de un Congreso ya disuelto, me lleva a reflexionar que los efectos de todo esto no se circunscriben al plano de afectación adversa en la estabilidad política, sino, y con efectos ampliados, sobre la institucionalidad del país, implicando, por supuesto, al entorno económico.

Las instituciones cumplen un rol fundamental en el desarrollo de la actividad económica, siendo evidenciado ello desde las primeras investigaciones del profesor North, contenidas en su libro “Instituciones, cambio institucional y performance económica” (1990), hasta las investigaciones de Acemoglu y Robinson en su famoso libro “Por qué fracasan los países” (2012), donde las instituciones se constituyen como restricciones ideadas por el hombre que permiten estructurar útiles interacciones de distinto tipo, incluidas las económicas, conductuales, etc.

Por lo expuesto, de esta manera, las instituciones son claves para compatibilizar los intereses de los distintos agentes económicos,definiendo los mecanismos de interacción de estos, pero a la vez las instituciones crean incentivos, determina las políticas y, al final, dependiendo del caso, resultan siendo factores claves para explicar tanto la prosperidad y la pobreza, dada su relevancia en las interacciones de los agentes económicos.

Por otra parte, el diseño de instituciones no se debería tomar como exógeno a las mismas, como algo dado, sino en tanto que son los mismos agentes económicos los que tienen injerencia en las instituciones que van a regir sus interacciones económicas. Aquellas instituciones en las que los agentes no las perciben con carácter duradero o capturadas por los intereses de un grupo específico en su accionar, no producirán los resultados económicos esperados en su diseño, dado el particular sesgo en su accionar; siendo el adecuado funcionamiento de las instituciones, clave en la dinámica y desarrollo de los sistemas económicos o alternativamente vistas como las reglas del juego que rigen la vida económica, política y social, y que al final explicarían en términos más específicos, el éxito o el fracaso de un sistema económico.

Mirando el caso del fenecido Congreso peruano, caracterizado por actuar sobre la base de intereses específicos, nos ayuda a entender por qué se constituyen como obstáculos al crecimiento.

Por lo expuesto, es claro que el desempeño económico de un país no puede ser explicado solamente por la simple sumatoria de los factores productivos vistos a través de una función de producción. Por lo cual debemos agregar a esta el factor institucional, definido por un conjunto de instituciones que dan mayor certidumbre al intercambio y prosperidad a las transacciones a un menor posible. Las instituciones, ya sea de tipo formal o informal, definen el marco de restricciones legales y aquellas definidas por cultura y costumbres; espacios en los cuales los individuos actúan, se organizan e intercambian.

Regresando a la praxis, el Congreso al actuar en base al interés de grupos específicos (leyes con nombre propio, investigaciones direccionadas, etc.) se constituía en un ente poco predecible y generador de incertidumbre, por lo cual su remoción por lo menos permitirá detener no solo la destrucción institucional sino, y de pasada, reducir obstáculos que impedían retomar la dinámica económica hoy tan anhelada ausente.

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