Efectos Indeseados

La necesidad de frenar el contagio del Covid-19 el año pasado llevo a casi todos los países a implementar diversos programas de aislamiento social con el fin de reducir las tasas de contagio, una consecuencia directa de estas cuarentenas, fue la contracción de la economía mundial en -3.3%. Con la finalidad de reactivar las economías se implementan políticas fiscales y monetarias expansivas: Déficits fiscales incrementados y tasas de interés reducidas fueron situaciones generalizadas. El tema es que estas políticas macro expansivas –en la medida que empieza una lenta recuperación económica- están generando una serie de efectos indeseados diversos: Presiones inflacionarias producto de inyecciones masivas de liquidez y también una mayor probabilidad de burbujas inmobiliarias tal como lo reporta un reciente informe de Bloomberg tataré sobre este último efecto.

¿Qué es una burbuja? Me refiero al crecimiento explosivo y no sostenible en el precio de un activo en un plazo corto tiempo. Refiero el término explosivo, cuando el aumento no puede ser explicado por razones “fundamentales”, y no sostenible, porque luego del aumento en precios de venta, simétricamente a estas alzas le sigue una disminución promedio de la misma magnitud.  El informe define varios indicios sobre la posibilidad de formación de una burbuja: i) Relación entre precios e ingresos, ii) Crecimiento real de precios, iii) Relación entre precios e ingresos, iv) Crecimiento nominal de precios y v) Velocidad de crecimiento del crédito en términos anuales; todos estos son indicadores básicos para anticipar una burbuja inmobiliaria. Luego, dicho informe, elabora una clasificación por países a partir del riesgo que enfrentan, por ejemplo, altos ratios precio/alquiler: Nueva Zelanda (211.1), Canadá (204.2) y Suecia (178.1), con carton lleno además en torno a los 5 indicadores; le siguen Noruega (179.2), Reino Unido (152), Dinamarca (147), Bélgica (153), Estados Unidos (122.9), Austria (118.9) y Francia (140.2).

Al contexto definido por países con mayor riesgo de originarse una burbuja inmobiliaria hoy, se le podría adicionar como factor preocupante, el que los 38 miembros de la OCDE, (las economías con mejores prácticas de gobernanza pública) identifican niveles de riesgo mayores a los niveles de la crisis subprime de 2008.  En lo inmediato, un momento clave para ver cuanta resiliencia tiene este sector, se definirá cuando a continuación pasada la parte más crítica de la pandemia, para evitar presiones inflacionarias –dada la abundante liquidez-se empiecen a elevar los intereses y se encarezcan los créditos.

Entonces si bien las políticas fiscales y monetarias expansivas han servido en su momento para  impulsar el gasto, -en plena Pandemia- abaratando  el crédito y así aumentando la demanda en el corto plazo, esta abundancia de liquidez, ha generado distorsiones  financieras –de alcance internacional-, peligrosamente cuasi sincronizadas, como es el caso de la aparición de burbujas inmobiliarias en la economía global, por lo cual, este hecho debería ser incluido en un indispensable  balance de riesgos de cualquier programa económico –incluido el nuestro-. Obviamente contamos con la continuidad de iniciativas correctivas del mundo externo, como acotar a la baja los riesgos hipotecarios (prestando con menor porcentaje respecto al valor de bien inmueble que se sirve como garantía),retirar incentivos fiscales a los inversores especulativos, a la larga o a la corta los efectos financieros de estas decisiones (o falta de ellas) para nosotros es un dato exógeno. ¿Qué estamos nosotros  haciendo al respecto? Avisados estamos.

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