Autor: kurtburneo

Estaremos pidiendo mucho

El Perú, uno de los países más golpeados por la pandemia Covid19. Indicios hay varios. Pensemos  por ejemplo  en los más de 182,000 fallecidos a la fecha, magnitud que relacionada al total de contagiados, el ratio resultante es  bastante alto respecto a referentes internacionales El caso es que  con una pandemia  aún presente, sumada a una marginal recuperación de la actividad  económica, este contexto adverso implica la necesidad de desarrollar acciones y liderazgos que van más allá de la reactivación  para  que el Perú salga de este feo foso lo mas pronto posible. Veamos brevemente ello.

Siendo importante que haya más creación de riqueza. ¿Qué elementos destacados estarían asociados a nuestra actividad económica en los años recientes?  Comenzando por lo más reciente tenemos i) Creciente uso de tecnologías digitales, para superar restricciones derivadas de la pandemia. En ese sentido, tenemos el cada vez más recurrente uso del E-Commerce, Educación en línea, Telemedicina, Teletrabajo, todos ellos  desarrollos logrados  en cuestión de  meses, lo que en otras circunstancias nos hubiese tomado más tiempo, pero por lo ya avanzado tenemos posibilidad de  contar con una plataforma más avanzada para la generación de iniciativas de innovación, digitalización y productividad ii) Lenta recuperación  de la sostenibilidad fiscal, dado un gasto sostenido  con mayor presión en el  de corte  social, y ambiental  con una mayor probabilidad de creación de valor respecto a la situación  pre pandemia, siendo funcional a ello contarse además con una población más sensible y consciente de fenómenos adversos al desarrollo económico, definido este, por el crecimiento económico, una menos regresiva distribución del ingreso  ,un aumento en capacidades de la gente en salud y educación, y finalmente  la preservación de equilibrios medioambientales.

No obstante, desde el plano internacional tenemos factores favorables al país como  iii) Aceleración del crecimiento norteamericano resultado de importantes paquetes fiscales de la Administración de Biden, pudiendo aumentar así la demanda por nuestras exportaciones no tradicionales y iv) La recuperación de la economía China, -siendo hoy la economía más grande en el mundo medida por paridad de poder adquisitivo-, la cual podrá definir un nuevo ciclo al alza en el precio de los metales-.

Pero hay también, sin embargo, varios factores que pueden complicar el contexto descrito. Entre los mas importantes tenemos a) La disposición oportuna de vacunas en cantidad necesaria y contar con una estrategia de servicios de salubridad post pandemia, b) Acceso a financiamiento público más caro, por estar más endeudados, ser menos solventes y así con mayor riesgo. c) Poca proactividad frente a un indispensable diálogo social, sobre todo cuando se trata de inversión en sectores extractivos como minería, forestaría, hidrocarburos, o para enfrentar la interculturalidad existente en el país.

De lo que se trata es de definir una adecuada estrategia como país, para enfrentar los factores antes referidos; y esto implica regenerar en positivo la política y el pacto social actual, y con ello dado que en 2 años tendremos elecciones regionales y locales se debe evitar, que ese nuevo ciclo electoral, nos conduzca a una reedición de la polarización, la desconfianza o el populismo actuales.

Para ello, se requiere también tener liderazgos a la altura de los retos no sólo en el sistema político, sino también en el sector empresarial y en la sociedad civil.  ¿Los tenemos? Como vemos enfrentar desafíos complejos como los descritos, van más allá de solo por ejemplo retomar el crecimiento económico ¿Hemos avanzado algo al respecto?

Contraversiales compras

Cuando uno revisa los hechos ocurridos producto de la Pandemia Covid-19 a nivel global, destaco el recurrente aislamiento social, el desempleo incrementado y el millonario gasto público que sumado a la caída de los ingresos fiscales –dada la recesión económica-,generan un mayor déficit fiscal y de la deuda pública, dado esta para financiarlo. Debo señalar que, en medio de la Pandemia, imaginé que la principal preocupación por parte de los países estaba por ejemplo en fortalecer los sistemas sanitarios, buscando así -dada la disminución de tasa de contagio y posibilitar una acelerada recuperación de actividad económica. Pero me equivoque. El caso es que los países en los hechos, no perdieron de vista un ítem de gasto menos popular –dado el contexto-:El gasto militar.

Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), en el 2020 el Producto Bruto Interno (PBI) mundial bajó un 4,23% respecto a los niveles de 2019 (en el Perú la contracción fue de11.2%). Alternativamente y contra lo que imaginaba, según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz (Sipri), en el 2020, los Gobiernos incrementaron su gasto en Defensa en un 2,63% respecto al 2019. Cabe remarcar que, con similar fuente, el gasto nominal mundial en 2020, fue de 1,96 billones de dólares, -la más alto desde 1988.-, por lo cual, la paradoja es que este máximo histórico se produce en medio de una inédita pandemia que asola al mundo en los últimos 100 años.

El mundo hacia 1988, presentaba un gasto nominal de cerca de 1,47 billones de dólares en la industria de defensa; con un PBI mundial por aquel año de 19 billones de dólares, se dedicaba entonces un 7,7% del ingreso del planeta dirigido a estas adquisiciones. De acuerdo al FMI en el 2020, con una economía global de 83,85 billones de dólares, el gasto militar, representó un 2,33% del total del PBI.  Uno pensaría que en medio de una pandemia y a partir de ella, existiendo un alto costo de oportunidad expresado en vidas humanas, las compras de armas deberían haber sido marginales. No lo fueron.  Incluso en el 2018, cuando no había Pandemia, el gasto militar representó un 2,14% del PIB mundial; o sea en el 2020, se gastó más en armas, en medio de una emergencia sanitaria. Debo señalar que el número implicado en el 2020, podría en parte ser resultado de la existencia de un factor inercial resultante de planes de adquisiciones anteriores.

Detrás de los números agregados, se refleja la carrera armamentista entre Estados Unidos y China. EEUU representa un 39,1% de todo el gasto militar del planeta, China el 12,5%. No obstante, la diferencia nominal, el caso es que desde el año 2000, el gasto militar chino, se quintuplicó frente al aumento de EEUU del 61,3%, también contribuyen a los números globales los aumentos de Rusia en 183,4% y Corea del Sur en 118,4%.

Asociadas a los países con mayores gastos militares, tenemos a las principales compañías en las  industrias de armas   Todos los integrantes de la lista de las 10 primeras empresas que más ingresos obtienen de la venta de armas son o chinas o norteamericanas, con la excepción de la británica BAE Systems.

Por otro lado, una tendencia nueva es que, a diferencia de antes, la industria militar recurre a entes del lado civil en busca de innovación. Un ejemplo en ese sentido, se observa cuando el Departamento de Defensa de Estados Unidos acude a compañías como Microsoft ya que, la capacidad inversora de grandes empresas privadas, sostenidas financieramente por la demanda por sus productos en el mercado.  Opuestamente, la industria militar depende de fondos públicos y contratos acotados en el tiempo. En suma, es verdaderamente  una paradoja, que en un mundo tan golpeado por la pandemia se direccionan recursos para comprar y desarrollar armas que así como la pandemia matan a las personas también.

DESIGUALDADES Y EL MODELO

En medio de la actual campaña electoral, un tema que ha surgido en la discusión -aunque sólo a nivel de algunos asertos- es el referido a la actual alta desigualdad de ingresos en el Perú y su relación con el modelo económico en curso. Haré algunos apuntes sobre elementos no tan conocidos sobre estos temas.

El actual modelo económico en el Perú que data de hace casi 30 años, tuvo un inicio bastante controversial por lo menos en los planos político y legal, situando su origen con la promulgación de la Constitución Política del Estado de 1993. Específicamente en el terreno económico, un hecho de interés, relacionado a una variable económica fundamental como es el Producto Bruto lnterno (PBI), es que partir del 2001 cuando nuestra economía inicia un proceso sostenido de crecimiento de este (luego de 4 años de recesión) gracias a un exitoso plan de reactivación que implementamos desde el MEF, con una dinámica de crecimiento mayor al resto de países latinoamericanos, crecimiento que se detuvo con la pandemia del 2020.  Empero, este crecimiento no implicó contar con un Estado que cumpliera adecuadamente en cantidad y calidad con sus funciones, como proveer una oferta de servicios de salud suficiente para la atención de necesidades de los ciudadanos –como lo evidencia los estragos de la pandemia hoy-  como  tampoco tal crecimiento no tuvo incidencia importante en la reducción de una alta desigual distribución del ingreso.

Entrando en materia, cuando en un país como el nuestro refiere una alta desigualdad en la distribución de la riqueza e ingresos, se alude a desigualdades extremas. Al respecto, no se necesita ser economista, sino sólo observar el entorno, para plantear, la coexistencia hoy de una alta concentración de bienes y activos en una minoría de la población, a la vez de la carencia o mínima disposición de estos en amplios segmentos de población pobre, contingente último que se incrementó con la pandemia Covid19., con un Estado con recursos de apoyo más escasos y pendientes de mejor gestión.

La desigualdad del ingreso, es el resultado de la dotación y precios relativos de factores productivos, que  detentan los agentes económicos. Generan flujos de ingresos diferenciados en un periodo de tiempo, que tiene un piso definido, por un nivel de subsistencia en relación con los más pobres –pobres extremos-. Cabe mencionar que, en un sentido amplio, la noción ingreso de subsistencia es en sí misma, más compleja que una simple realidad biológica.  Es un concepto multidimensional (alimentación, vestido, vivienda, higiene, etc.) que depende de consensos sociales que no podrán integrarse completamente  en el gasto monetario, que es la variable de medición de la pobreza en el Perú. como en el Perú.   

En el Perú entre el 2010 y el 2019, frente a un crecimiento acumulado de 55.7% el coeficiente de Gini pasó sólo de 0.46 a 0.44 en el periodo. Debe de señalarse también, que no solo hay factores materiales asociados a una inequitativa (y tolerada) distribución del ingreso y de la riqueza.

La posibilidad de llamar la atención sobre estas inequidades, ha estado en función del discurso ideológico, político e institucional justificatorio. Recordemos que hasta hace poco, varias voces demandaban dejar intocado al modelo actual, no obstante que la evidencia señalaba que el modelo y el crecimiento económico no  tendrían mecanismos dirigidos, a reducir el  coeficiente de Gini, siendo la cuesta más empinada cuando al 2020 la contracción del PBI en -11.2% estaría asociada con un incrementado Gini de 0.47. Tampoco se necesita ser economista sino tener tan sólo sentido común, para reconocer que tan importante como aumentar la actividad económica es tener una menos desigual distribución del ingreso, la evidencia empírica nos refiere que aumentos en el PBI no están asociados a menores niveles de inequidad en el ingreso; probablemente porque esto último depende más de la distribución factorial y los precios relativos de estos. ¿Seguimos dejando que las cosas sigan como están? ¿Qué siga casi intocada la alta inequidad del ingreso en el Perú?

PANDEMIA: NO TODOS LA PASARON MAL

No pocos comentaristas económicos hacen alusión hoy aluden a nuestra economía, señalando una generalizada contracción de la actividad en -11.4% el 2020 -contracción que es la otra cara de la moneda- , respecto a caídas por el lado principalmente del consumo privado y de la inversión (ambos explican el 85% de la demanda en nuestra economía), pero hay también  varios sectores y empresas tanto en el plano local como en el internacional que no la pasan nada mal, en cuanto ingresos, Veamos algo de ello.

En nuestro país, producto del aislamiento social -necesario para reducir tasa de contagio del COVID19-, se afectó la continuidad de operaciones para la mayoría de empresas (que representan el 60% del PBI), pero otras nunca dejaron de producir como las firmas en sectores diversos: retail, financiero, farmacéutico, combustibles entre otros y dada la demanda permanente, sus ingresos por ventas seguirán siendo continuos dada la nueva normalidad y formas de vida.

Y si miramos a escala mundial a varias firmas en distintos sectores, no les fue para nada mal: la evolución de las bolsa estadounidense, en plena pandemia, el S&P 500 y el Nasdaq alcanzaron máximos históricos, como si la economía real aumentase   su desconexión de los mercados financieros. El caso es que la “nueva normalidad” implica una serie de nuevos hábitos de carácter de demanda permanente, así la mayor y continua demanda, resulta un factor explicativo de mayores ingresos.

Desde una perspectiva global firmas que operan en sectores de comunicaciones cómo señalaba hay no les fue nada mal como el caso de Zoom.  El éxito de su plataforma y sus operaciones se relacionan inversamente a la crisis sanitaria, esto es cuanto peor, mejor. Anuncios asociados a mayor número de vacunados en 2021 podrán afectar el contexto, pero pareciera no ser así. Sus acciones ganan este año más de un 400% ante la perspectiva de un cambio de hábitos permanente en el que el teletrabajo sea mucho más habitual que antes, señalándose que zoom ya venía reportando números espectaculares: En el 2019 tenía dos millones de usuarios activos, cifra que ya había incrementado en 1er bimestre de este año. Zoom vale hoy 100.000 millones de dólares.  El caso de Amazon, a principios del 2020, con más de US$ 302.000 millones anuales. En el segundo trimestre del año los beneficios doblaron los del mismo periodo del año anterior. La clave es simple: los confinamientos han aumentado el tiempo que los consumidores pasan en casa, aumentando las ventas por Internet, y ningún competidor tiene un catálogo mayor. Plataformas de streaming Disney Plus aparte de incrementar han multiplicado sus usuarios. Durante el confinamiento, estrenó la película Mulan exclusivamente en su plataforma, esquivando el tradicional paso por los cines, por un precio de US$ 18.2, La evidencia es contundente: las salas de cine ya fueron.

Pequeñas farmacéuticas. La estadounidense Moderna y la alemana BioNtech tuvieron buen año por participar en la elaboración de la vacuna. A diferencia de los tradicionales gigantes farmacéuticos, el bajo umbral del que partían ha permitido a estas empresas biotecnológicas disparar su valor. BioNtech, que ha desarrollado su vacuna junto a Pfizer, sube más de un 100% en Bolsa, mientras que Moderna lo hace más de un 400%.

Empresas de delivery. Mas operaciones continuaron este año, incluso en el escenario apocalíptico de calles desiertas y locales cerrados. Muchos bares y restaurantes han dependido de los envíos a domicilio para salvar su negocio, y eso ha beneficiado a plataformas como Just Eat, Glovo o Uber Eats. Esta última, por ejemplo, destaca a España y Japón como los países donde más crecieron las entregas de comida, más de un 300%. 

Como podemos ver los efectos de la pandemia no significó un mal para todas las firmas tanto a nivel local como internacional, tienen ingresos crecientes, sin que estas tengan mucho que ver en estas alzas, por lo cual a partir de la renta que capturan, es posible la aplicación de un impuesto extraordinario, tal como años atrás (2011) se implementó para el caso de la minería. ¿Por qué no?

AFP Y LA CULTURA DEL MIEDO

Dado el proyecto de ley recientemente aprobado por el Congreso que establece la opción de retiro gradual a los afiliados al Sistema Privado de Pensiones de hasta S/ 17,600 (4 UIT), como en oportunidades anteriores de autorizaciones de retiro, las AFP anuncian la ocurrencia de una inminente catástrofe financiera  no sólo para los afiliados por la reducción del ahorro previsional en sus cuentas individuales de capitalización –dado el retiro de fondos-  sino también un aumento en el costo de financiamiento del Estado –por la venta masiva de bonos soberanos-. ¿Catástrofe financiera a la vista?

Comencemos mirando el retiro de fondos. Obviamente, ello significa la reducción gradual de hasta S/ 17,600 en el ahorro previsional de cada afiliado que optara por el uso de esta prerrogativa y, claro, esto podría implicar una pensión futura menor, dada la obvia reducción en el ahorro. Pero este efecto intertemporal no puede verse al margen del contexto económico actual, marcado por una incipiente recuperación del PBI y, por tanto, también por una débil recuperación de la demanda de empleo. Mirando el lado estrictamente normativo, el ahorro previsional se hace sólo para financiar pensiones, pero diría  también que a la vez situaciones extraordinarias –como la actual- implican acciones del mismo corte: Por ejemplo, teniendo ahorros previsionales, no pocas personas hoy desempleadas (habiéndose gastado su CTS y reventado su tarjeta de crédito) necesitan atender necesidades de salud en medio de la pandemia Covid19, y/o cobertura de gastos cotidianos en los hogares, que no se pueden cubrir al haberse cortado sus flujos de ingresos: Alimentación, gastos en servicios como agua, electricidad, pensiones escolares y universitarias entre otros.  Tienes ahorros pero no los puedes usar.

El otro anuncio catastrófico hecho por las AFP, es que a partir de la necesidad de efectivo para la devolución de fondos, ello implicaría varias decisiones por parte de las AFP respecto a la venta de activos financieros conformante de sus carteras de inversión, pero interesadamente se menciona una sola opción: Venta masiva de bonos soberanos, ¿Es la única opción?

El argumento frente a la demanda por liquidez para atender los retiros es simple: las AFP señalan que los nuevos requerimientos de liquidez, por S/ 37,990 millones (según la SBS) llevaría inexorablemente a una masiva venta de bonos soberanos que al 30 de octubre del 2020 totalizan S/ 27,175 millones. Obviamente una venta masiva de estos bonos por parte de las AFP generaría una caída importante en el precio de estos y por consiguiente una fuerte alza en los rendimientos. Lo curioso es que se deja intocados  S/ 74,940 millones de fondos previsionales invertidos en distintos activos emitidos en el exterior, con bajas tasas de interés, por la aplicación de generalizadas políticas monetarias expansivas por los bancos centrales en el mundo buscando vía crédito más barato, impulsar el consumo, la inversión y así la actividad económica.

Por otra parte, si bien es cierto que la recurrencia de retiros parciales podría haber afectado la rentabilidad de los fondos pensionarios, pues la mayor volatilidad de los componentes de sus portafolios de inversiones complica la optimización de estos, lo que está en cuestión es el altísimo costo de oportunidad de contar con estos óptimos expresados incluso en vidas humanas. Cabe señalar también que igual anunció catastrófico se dio cuando se autorizó el retiro parcial de los fondos el año pasado que implicaron S/ 33,000 millones ¿Qué catástrofe hubo? Ninguna. Lo que sucedió es que el BCRP le compro una importante cantidad de dólares a las AFP y así se fue cubriendo los requerimientos de soles.  Alternativamente, las AFP en vez de inútilmente llamar al cuco de la catástrofe financiera intentando inútilmente detener iniciativas congresales, ¿Por qué no plantean una reforma integral del sistema previsional privado, en la que por ejemplo parte de las comisiones que cobren, estén asociadas al rendimiento de los fondos que administran, o es mucho pedir?

¿SE NOS VA (FUE) EL COCHE?

¿Qué factor enlaza a firmas ensambladoras de autos, computadoras y teléfonos inteligentes? Sin duda sus productos son resultado de la incorporación de conocimiento. Pero estas mercancías se producen contextuados en el marco de la actual 4ª Revolución Industrial y el desarrollo tecnológico que la sustenta, donde por su aplicabilidad, la Inteligencia Artificial (IA) resulta siendo uno de los desarrollos más reconocidos e incorporados a escala global.  En estricto nos referimos a la IA como un desarrollo tecnológico que llegó para modificar distintos procesos productivos en el planeta, tal como desde casi más de 20 años lo hizo el acceso a internet. Miremos más de cerca a la IA .

Entendiendo que la IA es la combinación de algoritmos planteados, con el propósito de crear máquinas que presenten las mismas capacidades que el ser humano; la discusión alrededor de este desarrollo tecnológico (IA), va más allá de usarlo o no, sino más bien se requiere responder a la pregunta ¿Cuan funcional es la (IA) para   maximizar la generación de valor en las firmas y organizaciones en general?, donde la discusión más bien es empoderarla como herramienta eficaz en los procesos de producción.

Ahora, dados diversos desarrollos tecnológicos, la práctica común es delegar con eficiencia tareas a algoritmos, que, con ayuda del machine learning, entrenados por personas, posibilitan, por ejemplo, gestionar procesos de selección de personal, que incluye, la revisión de currículums y video entrevistas como parte del proceso de evaluación para acceder a un puesto de trabajo. ¿Ficción? No, realidad

Los algoritmos que componen un sistema de IA, los cuales son entrenados por personas, podrían replicar malos juicios de estas. Para que esto no suceda, los procesos de entrenamiento, para evitar sesgos, deben ser extremadamente meticulosos y deben robustecerse con validaciones y pruebas de sustento científico para que desde un inicio la IA siga los principios de inclusión, igualdad y diversidad.

El juego de video https://www.survivalofthebestfit.com fue creado para  explicar cómo funcionan estos algoritmos y cómo en ese intento las cosas no necesariamente salen bien. Al jugarlo, se muestra lo que sucede cuando los algoritmos evolucionan más rápido con los miles de datos que reciben y sin tomarse las medidas necesarias para combatir sesgos, desde la selección de la data hasta su procesamiento. La idea es que estas máquinas deberían ser capaces de replicar o superar inclusive, las capacidades mentales de los humanos: razonamiento, comprensión, imaginación, reconocimiento, creatividad, emociones.

Hay muchas cosas que se pueden hacer para asegurar que los algoritmos estén siendo entrenados en diversidad. La primera y más básica es proporcionando desde el inicio, con diversidad evidenciada en las muestras de entrenamiento, por ejemplo, usando la misma cantidad de muestras de audio y video femeninas y masculinas.

Al margen de los algoritmos referidos dentro de la (IA), la evidencia en el uso de estos en el Perú es limitado a grandes centros comerciales, call centers, bancos algunos productores agroindustriales y pesqueros e incluso organización públicas como el Poder Judicial. En este último caso donde la idea, es que los algoritmos sirvan para reflejar el grado de consistencia en las decisiones de los juzgados. Y paro de contar.

Esta insuficiente incorporación de (IA) a nivel nacional y sectorial, aparte de no permitirnos aumentar más nuestra competitividad, nos deja entrever que aún existe un reto importante por alcanzar por el lado de las empresas y organizaciones. ¿Responderán a este desafío?

SECTOR PRIVADO Y VACUNAS

Un asunto bastante discutido en estas semanas es el relacionado a la posibilidad que el sector privado importe vacunas, dada la urgencia de contar con un mayor stock de capital humano disponible, clave para la indispensable mejora en expectativas en los mercados y recuperar el crecimiento económico. ¿Ayudaría la entrada del sector privado para estos fines?  Veamos las implicancias de esto.

Antes de explorar las implicancias de una hipotética (porque por el momento los laboratorios solo venden a los Estados) mayor oferta de vacunas entrando el sector privado; hay un tema de eficiencia regularmente ignorado: la oferta de vacunas es insuficiente y además tiene para largo el contar con las suficientes dosis para lograr la inmunidad colectiva, entonces se necesita priorizar. Por eso existen planes de vacunación, que en el caso del Perú presenta 3 fases tratándose de  países emergentes, con pocas capacidades de negociación frente a los laboratorios.

Las estrategias de priorización, como la nuestra, se sustentan en el tipo de actividad que realizan las personas –priorizando personal de salud, policías, bomberos, militares, para luego seguir con adultos mayores y comprender luego al resto de población.  El mes pasado, en el artículo “ Model-informed COVID-19 vaccine prioritization estrategias y age and serostatus” en la revista Science, se señala que la utilización de pruebas de anticuerpos (serológicas) podría ser un factor clave para formular una más óptima estrategia de  priorización, para la asignación de las vacunas.  Quienes se vacunan, y quienes ya tuvieron el Covid19, tienen menor probabilidad de contraer y contagiar la enfermedad y de allí se lograría la inmunidad colectiva, en menos tiempo –dado una cantidad de vacunas disponibles-. ¿Acaso no podría hacerse esta evaluación del mas de millón de personas que ya tuvieron la enfermedad, optimizándose el programa de priorización, actual?

Retomando a la controversia sobre el ingreso de ofertantes privados de vacunas, los que están a favor afirman que la vacunación de un ciudadano no afecta adversamente al resto, -suponiendo que no afecta adversamente al desarrollo del proceso de vacunación a cargo del Estado- apelándose al principio de Pareto: la mejora de situación de un agente económico, no implica la perdida de bienestar de nadie. Se señala también que se generan externalidades positivas en tanto a más personas vacunadas menor transmisión de la enfermedad. Incluso a pesar que previsiblemente las vacunas obtenibles por privados cuesten más de lo que le costarán el estado, -por menores economías de escala-, se argumenta que los beneficios a lograr con la mayor provisión privada e inmunización de más gente, más que compensarían estos precios mayores.

Al respecto, debe distinguirse dos situaciones en cuanto a una hipotética oferta privada de vacunas: a) Empleadores que se abastecen de vacunas estrictamente para inmunizar a sus colaboradores –quizás el caso menos controversial- siempre que haya cumplimiento estricto de normatividad y control y b) empresas que oferten comercialmente las vacunas.  En este último caso, a diferencia del anterior, ¿el Estado tendría la capacidad de control sobre la actividad de estas firmas? ¿Se imaginan la cantidad de estafas resultantes? En caso de surgimiento de efectos secundarios dadas las distintas vacunas existentes- ¿Quién asume esta responsabilidad? ¿No se afectará el desarrollo actual del Plan actual de vacunación? Por añadidura se envía desde el Estado un controversial mensaje, donde el que tiene plata se inmuniza (aunque creo que los más platudos, hace rato ya se vacunaron en el extranjero) y el que no tiene recursos que siga haciendo su cola en medio de la pandemia.

Cómo vemos, además de poder optimizarse la actual priorización contenida en el plan de vacunación, también es evidente que no sería muy eficiente que el sector privado oferte vacunas también, y todo esto para facilitar la obtención de lucro por parte de este. ¿Vale la pena?

Situación fiscal:¿presente griego para julio?

Cuando a principios de enero comenzaban a verse algunos pequeños brotes verdes de una incipiente reactivación económica en nuestro país, aparece la temida segunda ola del covid19, y por ello el gobierno decidió establecer un nuevo aislamiento social desde principios de febrero hasta el 15 -extendido hasta fin de mes-, focalizado por regiones, a fin de moderar la tasa de contagios. Este hecho de todas maneras retrasará la aún pendiente recuperación de la actividad económica, y con ello se genera la necesidad también de extender en el tiempo los distintas ayudas que el gobierno a familias y empresas, con lo cual se continuaría el flujo de egresos fiscales que, junto a una continua caída de la recaudación tributaria, se seguiría con un elevado déficit fiscal y también del endeudamiento público en el 2021.Veamos un poco más de cerca este tema.

Según el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) en el último Reporte de Inflación de diciembre 2020, estimaba un déficit fiscal para el 2021 de 5.4% del PBI, con un crecimiento de 9.5% del PBI y una ratio de deuda pública/PBI de 34.4%, proyecciones que deben reajustarse a continuación, considerando los efectos adversos sobre la actividad económica del reciente aislamiento de febrero.  

Es evidente, además, que, si no hay progreso en la reactivación económica, y por ello tampoco en la recaudación tributaria, el costo fiscal de las intervenciones generará incrementos en el déficit. A manera de referencia, si se replicara el otorgamiento del bono universal, tan solo esta medida implicaría un gasto adicional en S/ 6,350 millones esto es un 0.8 del PBI.

Pero las amenazas sobre estabilidad fiscal, provienen también de proyectos sin mucho sustento técnico de Congreso: Devolución de aportes de la ONP,  que costaría 2 puntos del PBI, la eliminación de los topes fiscales en la negociación colectiva en el sector público que podría costar hasta S/ 14,500 millones por año. Esto implica el 1.8% del PBI, entre otras.

El sólo considerar estas iniciativas –hay varias más- que implican casi 4 puntos del PBI, llevaría en la práctica, a una no reducción del déficit y tampoco del ratio deuda/PBI, con lo cual se reduce la solvencia fiscal y de allí se tendría que incrementar el rendimiento en futuras emisiones soberanas al aumentarse el riesgo, con el añadido que rebajas en la perspectiva como lo hizo calificadoras como Fitch Ratings, sería la clarinada de alerta de una próxima reducción en la calificación como emisores de deuda y, como sabemos, la curva de rendimiento de activos financieros privados se aumentará también. Por ello presentar una propuesta, técnicamente solvente, de retorno a una senda de sostenibilidad fiscal es fundamental.

Al margen de lo anterior, y asumiendo optimistamente que en el próximo proceso electoral se elija a un presidente –y equipo de gobierno- con experiencia en gestión pública y propuestas económicas sensatas, junto a un Congreso no obstruccionista, creo que la resolución del problema fiscal, al paso que vamos, será tarea para el equipo económico de la administración entrante. Ello a pesar de los esfuerzos de mi amigo Waldo en el MEF, tratando de hacer docencia en finanzas públicas en el Congreso y en el Ejecutivo también, a la vez de tapar multiplicados huecos en el bote fiscal, provenientes de las iniciativas de algunos de sus alumnos de paso, que aún creen que la sostenibilidad fiscal no importa.

La urgida inclusión financiera

Un tema que a veces pasa inadvertido, o es recién discutido cuando su carencia genera severas restricciones en el accionar del Estado –como es la distribución de los bonos- es la insuficiente inclusión financiera en el país. Presentaré algunos elementos implicados en el tema.

Ante el desarrollo de la pandemia  Covid19 y  la diversidad de  carencias de medios en el Estado  para importantes  intervenciones  como  efectuar transferencias de dinero vía bonos,  para suplir la  actual falta de  ingresos de las familias –producto de la cuarentena-, insuficiencia  que se revela en la práctica, es  la falta de un óptimo sistema de acceso a servicios financieros básicos para la población en condición de pobreza, contándose únicamente para tal efecto con la oferta proveniente del  Banco de la Nación. 

Pero el reto de contar con diversos servicios financieros descentralizados, va incluso va más allá de las transferencias de dinero. En tanto los cortes de flujos de ingresos para los que perdieron sus empleos, previsiblemente originarían mayor demanda de liquidez en la forma de nuevas solicitudes de más préstamos o la utilización al tope de líneas de crédito disponibles. La oferta de servicios desde la banca privada tiene mucho que aportar.

Promedialmente, antes de la crisis los bancos mostraban ratios de solvencia adecuados y estables. El caso es que la evidencia reveló que los bancos se comportan regularmente de manera pro cíclica, esto es restringiendo el crédito cuando más se necesita, en medio de la crisis. El comportamiento de los bancos explicados por la tendencia a preservar el azul de sus estados financieros.  De lo presentado, se deduciría que la performance del sistema financiero jugaría un rol crítico como vehículo para implementar políticas públicas, como intervenciones destinadas a proporcionar alivio a los hogares y las empresas frente al choque adverso del coronavirus, donde la eficacia en su accionar dependería principalmente del grado de alcance de la población objetivo. 

 Empero, la existencia de un probable dilema para el sistema financiero privado que se presenta entre proteger el azul de sus estados financieros versus la necesidad de ayudar a reactivar la economía en términos agregados podría llevarnos a resultados sub óptimos dada la actual reducida oferta de servicios financieros (basada principalmente en el Banco Nación).   Por otro lado, debe señalarse que la actual crisis del coronavirus implica choques adversos de oferta y la demanda, en consecuencia, se puede afectar la liquidez y las posiciones de solvencia de los agentes

A manera de conclusión, existe por lo descrito en esta nota, una brecha entre la oferta y demanda de servicios financieros; por el lado de la oferta, de estos servicios resultan insuficientes para atender la demanda por estos servicios, situación más crítica cuando está situación de insuficiencia se da en medio de la urgencia de efectivizar ayudas económicas, tan urgidas para los más pobres, siendo fundamental la incorporación de instituciones financieras privadas en este esfuerzo. Podría quizás, para comenzar, el sistema financiero privado participar con su red en el proceso de pagaduría de los subsidios que hoy otorga el Estado.

El retorno a las reglas fiscales

Durante la pandemia de covid-19, lo países alrededor del mundo adoptaron diversas medidas de aislamiento social, -para reducir la tasa de contagio-, las que implicaron una generalizada recesión mundial, frente a lo cual se destinaron distintos niveles de recursos en distintos planes de reactivación.  Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en América Latina y el Caribe estos ascendieron , en promedio, al 8 % del PIB. En el Perú se ha destinado recursos para la reactivación y apoyos (bonos, subsidios a las firmas, programas de garantías etc.) hasta ahora por un equivalente al 19% del PBI, con reglas fiscales suspendidas ¿Por cuánto más tiempo? Veamos este tema.

Lo descrito en el párrafo anterior se hizo en el marco de generalizadas suspensiones de reglas fiscales, donde vía gasto público expandido, sin topes formalizados, se apoya económicamente a familias y empresas en medio de fuertes caídas de ingresos tributarios. En consecuencia, los déficits fiscales suben y la deuda pública también. El reto vigente hoy, es que haya señales claras de retomo a una creíble senda de sostenibilidad de las finanzas públicas, más aún en el caso del Perú, dado el importante aumento del déficit de 1.6% del PBI en el 2019 a 8.4 % en el 2020, ello a su vez originó mayores necesidades de financiamiento, por ello en el caso del Perú, el ratio deuda/PBI paso de 26.8 a 35.1% en periodo similar.  Dadas las reglas fiscales –ahora suspendidas- por ejemplo, la existencia de un limitado ratio Deuda Publica/ PBI de 30% así como regresar al límite del déficit fiscal en 1%. El retorno gradual a estas reglas es imprescindible, si se quiere generar permanente de confianza y no solo episódicas.

La mantención durante mucho tiempo de ratios deuda pública/PBI en niveles altos respecto a nuestra historia fiscal -en las últimos 20 años- podría estorbar una indispensable recuperación económica, si nuestras autoridades económicas no son proactivas al limitarlos –aunque ello podría tener un alto costo político en el corto plazo- y a la vez de enviar señales claras de gestión responsable de las finanzas públicas comenzando con restituir la vigencia de reglas fiscales.  La idea central es que estas reglas permitirán mantener los fundamentales macroeconómicos del país sólidos y estables, independientemente de la administración de turno.

En estricto, lo que pasa ahora en el Perú es que se está potenciando el gasto público para contrarrestar la caída de la inversión y el consumo, sobre todo privados. Quizás esta práctica, encuadrada en una política contra cíclica, es mejor desarrollarla en el marco de reglas fiscales vigentes, funcionales para la sostenibilidad fiscal de largo plazo, en línea con parámetros de sostenibilidad de la deuda.  Por supuesto, nunca estará demás, referir que efectivas reglas fiscales, tienen incidencia sobre el riesgo soberano., y a partir de ello, sobre la probabilidad de generarse un sudden stop en la entrada de capitales al país.

 Cabe mencionar que reglas fiscales vigentes, pueden también proveer beneficios claros a los países en términos de menores costos de endeudamiento y mayor estabilidad en los flujos de capitales, factores básicos para apuntalar la estabilidad macroeconómica, condición previa para cualquier sostenible reactivación de la economía.  El hecho que aún exista incertidumbre sobre el fin de la pandemia y sus efectos macroeconómicos, no debería limitar la necesidad que los gobiernos restituyan  reglas para la implementación de políticas fiscales, necesarias para una recuperación económica sostenida, y sobre todo tan especialmente urgida, dadas las especialmente  adversas circunstancias económicas en nuestro país,