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Política fiscal contracíclica: ¿Pa’ cuándo?

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La semana pasado, el Banco Central de Reserva redujo la tasa de interés referencia en 25 pbs. Si bien la medida era necesaria, porque ayudaría a revertir la actual desaceleración del PBI, abaratando el crédito e impulsando la demanda vía consumo e inversión, esta reducción a la vez ya era factible, pues desde tiempo atrás la tasa inflacionaria anualizada estaba en el rango meta, incluso esta última se redujo de 2.29% en junio a 2.11% en julio. Sí hay alguna novedad, esta reside en que los mercados asumieron que recién el BCRP podría tomar esta decisión en el último trimestre del año. Veamos algo del detrás de cámaras de esta decisión.

La reducción de la tasa de interés de referencia de 2.75% a 2.5%, luego de 16 meses de estar sin cambios, es una medida de libro de texto a implementar, dada la actual desaceleración económica –fundamentalmente por debilitamiento de la demanda–, no obstante que la variación del PBI de junio definitivamente saldrá algo mayor que el 0.63% de mayo. Pero como una golondrina no hace el verano, no habría nuevos motores en la economía para lograr que el crecimiento del PBI se acerque al 3.4% proyectado por el BCRP. En verdad, la tasa estaría en alrededor del 3% siempre que se implemente una continua política macroeconómica expansiva –condición cumplida por el lado de la política monetaria–, en tanto la tasa de interés de referencia en términos reales (tasa de interés de referencia nominal- expectativa inflación) viene reduciéndose desde octubre del 2016 a la fecha, llegando a 0.18 actualmente (2.5-2.32). Cabe mencionar que luego de la reducción de la tasa interés por la Fed, a fines de julio, podría ampliarse la probabilidad de nuevas reducciones por venir. Incluso se podría decir que, a diferencia de antes, reducciones de la tasa de interés por la Fed, podrían generar solo una marginal entrada de dólares a nuestra economía buscando más rentabilidad, sin embargo en un contexto de incertidumbre en la economía internacional, la aversión al riesgo podría significar un menor flujo de entrada de dólares a plazas emergentes como la nuestra.

Sabiendo lo que puede hacer la política monetaria, frente a una debilitada demanda, detrás de esta sectorialmente vista, se esconde un sector primario que detenta una pobre performance por caída de precios y volúmenes de metales; a la vez que la actividad no primaria se ha venido desacelerando también. Por el lado de componentes de la demanda, la inversión pública presenta una menor ejecución entre enero y julio, respecto a lo proyectado, además de una marcada volatilidad con tasas decrecientes, presentando la inversión privada similares patrones evolutivos. Y por si fuera poco, por el lado externo, se han venido pronosticando menores tasas de crecimiento de la economía mundial, junto a una mayor volatilidad en los mercados financieros internacionales.

Considerando que los efectos de los cambios en la tasa de interés de referencia sobre el interés correspondiente a distintos productos financieros son solo parciales y con rezagos que van de 9 a 12 meses, la implementación de una política fiscal expansiva resulta ahora fundamental, incluso para mejorar expectativas de agentes económicos. ¿Es posible implementar una política fiscal más expansiva? Por supuesto que sí. A junio, el déficit fiscal (DF) acumulado alcanzaba el 1.4% del PBI, frente a un 2.2% acumulado proyectado a diciembre. Esto quiere decir que hay opción para, desde el plano fiscal, contribuir –vía mayor gasto– a revertir la actual desaceleración de la economía. ¿Y cuáles son las opciones específicas para desarrollar una política fiscal más activa? Por supuesto que existen, pero, como decía Jack el Destripador, vamos por partes; razón por la cual estas opciones serán presentadas en dos semanas en mi próxima columna.

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Uno por dos

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Dados los recientes acontecimientos sucedidos entre el Poder Ejecutivo y el Congreso -con solicitud de adelanto de elecciones incluida-, algunos advierten que el ruido político resultante originaria que la inversión se iría en caída libre. ¿Qué tan de cierto es esto? ¿O esta ya venía ocurriendo? ¿De suceder esta afectación adversa, respondería principalmente a qué factor? Necesariamente para entender estos asuntos dadas sus características, nos conduce a evaluar la importancia de las instituciones en economía. Miremos esto a partir de nuestra experiencia reciente.

En principio la inversión privada ha venido mostrando desde contracciones sucesivas entre 2014 y 2016, creciendo 0.2% en el 2017 mientras que en el 2018 se incrementó en 4.4%, proyectando el BCRP en su último Reporte de Inflación que crecería en 3.8% este año. Como se observa, volatilidad y tasas bajas de inversión privada ya existían desde hace buen tiempo, el punto es que el ruido político amplíe estas características y eso debe de ser atenuado.

Las instituciones en economía pueden ser vistas como organizaciones o como las propias reglas de juego, formales e informales, que responden más a costumbres de la población; siendo no pocas veces, las segundas predominantes sobre las primeras.

¿Cómo entender el accionar de las instituciones sobre todo públicas, de relevancia para el caso particular de esta nota? Cada agente económico tiene sus propios intereses y su conducta se orienta al logro de estos; entonces las instituciones específicamente las públicas, son entes que con su (debido) accionar imparcial buscan compatibilizar estos distintos intereses. Otra manera de ver la institucionalidad pública es que esta se constituye como una estructura de control, funcional a la generación de condiciones óptimas de funcionamiento de la sociedad como conjunto. ¿El ideal de institucionalidad antes descrito es el que tenemos, por ejemplo, mirando el accionar en estos últimos años del Congreso de la República?

La evidencia, en este caso, nos muestra que el Congreso sería una institución pública capturada por intereses privados. La evidencia es variada: leyes con nombre propio, por ejemplo, retiro de estudiantes de colegios particulares por dos cuotas impagas; inmunidad en procesos para congresistas; inacción absoluta para revertir flagrantes situaciones de inequidad como el caso del sistema previsional privado; número récord de insistencias del Congreso en proyectos de ley observados por el Ejecutivo, entre otras perlas. Siendo una institución pública capturada por intereses privados, su accionar define un contexto de incertidumbre en el funcionamiento de la economía, dada la impredictibilidad de sus decisiones.

Es por ello que ante imposibilidad de revertir esta captura institucional y la afectación adversa a la gobernabilidad, el presidente de la República plantea adelantar las elecciones generales. Así los negativos efectos antes descritos continuarían, a lo sumo, por un año, frente a los dos años de duración de dichos efectos de no hacerse nada. Será en estos meses de ruido político con un contexto externo poco favorable, donde la menor afectación a la dinámica del crecimiento, dependerá principalmente de la política fiscal y monetaria expansivas, no solo por sus efectos sobre la demanda, sino por el efecto favorable sobre las expectativas.

Con el cambio de una parte importante del elenco estable de políticos, y si no se exagera con los efectos sobre la inversión gestionando riesgos, aún guardo la expectativa que el bicentenario encuentre a nuestro país, en un claro proceso de recuperación, no solo en el plano económico. Creo que aún estamos a tiempo.

MEF: ¿finanzas vs. economía?

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El INEI publicó hace pocos días que el PBI creció en 0.62% en el mes de mayo; incluso en términos desestacionalizados la tasa correspondiente a dicho mes fue de 0.26% respecto a abril; esta reducida dinámica tiene tras de sí aparte de un entorno externo poco amigable (bajos precios de metales, guerra comercial EE.UU.-China, incertidumbre en mercado divisas, etcétera), una limitada demanda interna, resultante en parte de la política macro en general y fiscal en particular. Es en este último plano donde se vuelve a poner en evidencia –una vez más– el antiguo dilema en el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) motivo de esta nota.

Ciertamente, era previsible que mayo presentase una tasa de crecimiento menos mala que la de abril (0.02%), mes en el que se produce una caída del PBI primario de 8.3%, explicado principalmente por la pesca que cayó 63%. En mayo, el PBI primario todavía tuvo una caída, pero no tan fuerte como la observada en abril (pesca -26.79%, minería y petróleo -1.54, manufactura primaria -18.65%).

Mirando los números de mayo en términos acumulados, por ejemplo, entre enero y mayo de este año, el PBI creció en 1.45% y en términos anualizados 2.6%, tasa bastante distante del 3.4% de crecimiento estimado para este año por el BCRP.

Si bien datos adelantados de junio señalarían que la inversión del Gobierno general creció 20.1% y la producción de electricidad se incrementó en 3.69%, junto a una expansión estimada de 8.8% del consumo interno de cemento, con lo cual se esperaría mejoría del PBI en junio, el desafío está en cómo hacer sostenible –al menos en términos aproximados– la tasa de crecimiento del PBI prevista a junio (cerca al 3.5% según el MEF).

La idea es que estemos frente a una recuperación continua de la demanda y del producto, y no frente a un episódico hipo del PBI, y en esto es central el manejo del gasto público en general y en particular de la inversión pública implicada, no solo por ser componente de la demanda con efecto directo sobre el PBI de corto y largo plazo, sin por ser funcional a la inversión privada, al facilitarla.

Dado que en mayo el déficit fiscal (DF) fue de 1.44 % y llegando a junio pasó a 1.5% del PBI, este DF bajo, podría dar al Gobierno –dado un tope de 2.2%– margen para elevar el gasto público en general y la inversión en particular, dado los déficits fiscales en dichos meses, considerando los ingresos fiscales anualizados en el último año, que se mantuvieron en 19.8% del PBI y, tímidamente, el gasto no financiero del Gobierno general pasó de 20 a 20.1% entre mayo y junio. Margen para un incremento moderado del DF existe y si bien ello afectará limitadamente la solvencia, y por consiguiente implicará algún aumento del riesgo (algún nivel de elevación de la curva de rendimientos), estos efectos son temporales porque una mayor demanda lleva a mayor  producto y mejora en la recaudación a continuación.

Por supuesto que considerar como parte de la decisión de gestión macroeconómica, desarrollar un mayor nivel de gasto –sujeto al DF límite de 2.2%– y además respetando la regla macrofiscal que establece el límite de la deuda ‘pública que no puede ir más allá del 30% del PBI, la decisión es básicamente financiera, pero si a la vez con ello se mejoran expectativas y demanda, es claro que estamos resolviendo en el plano de la economía.

Al final, bajo controles preestablecidos, se puede flexibilizar –aunque con límites– la gestión financiera, en el propósito de dinamizar la demanda, expectativas y el PBI mismo. Esta propuesta buscando una recuperación sostenible de la actividad económica, es lo que creo que el MEF podría hacer, pero al hacerlo estaría anteponiendo la economía a las finanzas. Ya era hora.

Algunos misterios económicos

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Siendo aficionado al fútbol y entendiendo que todos estamos con la expectativa puesta en el partido de hoy, mi nota económica será bastante soft, presentando una lista corta de algunas interrogantes económicas vigentes, aún pendientes de respuesta.

1. El presidente Trump en el marco de las reuniones del G-20, declara que empresas estadounidenses podrán continuar sus relaciones comerciales con la firma China Huawei. Esta compañía, ¿será sacada de lista del Tesoro de Estados Unidos de empresas vetadas para hacer negocios con firmas estadounidenses?

2. Huawei tiene como punta de lanza tecnológica seguir desarrollando la tecnología 5G. ¿Es realmente esto una amenaza a la seguridad de EE.UU., tal como lo refiere su presidente?

3. A la fecha hay 126,000 empresas privadas que han retenido los aportes de sus trabajadores a las AFP y no transfirieron estos recursos, perjudicando a 1’041,000 afiliados. ¿Cuáles están en proceso de liquidación y cuáles en actividad?

4. El Estado (Gobierno nacional y subnacional) retuvo aportes de 387,000 afiliados y no los trasladó a la AFP de cada trabajador. ¿Cuáles son las 561 entidades estatales incursas en esta irregularidad?

5. Sobre la base de las preguntas anteriores, ¿quién asume la responsabilidad del perjuicio generado a un afiliado que en estos momentos opte por jubilarse? Ya hay 796,550 juicios por esta ilícita apropiación por las empresas. ¿Ese es el “rápido” camino?

6. Todos reconocen (excepto la Asociación de AFP), que el Sistema Privado de Pensiones es poco equitativo en la distribución de riesgos, al invertirse los fondos previsionales, cuando la comisión que cobra la AFP es independiente de la rentabilidad de los fondos previsionales a su cargo. ¿Por qué no se reforma el sistema?

7. Conociéndose ahora no pocos casos de corrupción en el país, y entendiendo que para que existan corruptos deben haber corruptores, ¿qué medidas y estrategias han adoptado las empresas y sus gremios (Confiep, SNI, Asbanc, SNP, etc.) para prevenir estas prácticas ilícitas?

8. Sobre la base de lo anterior, ¿será suficiente la adopción por algunas empresas de la norma técnica ISO 37001, denominada norma antisoborno?

9. Existe legislación promocional para la agroindustria desde hace 20 años para dinamizar su actividad económica (menor Impuesto a la Renta, menores costos laborales, etc.) y se plantea renovación por 20 años más ¿Cuáles son las ganancias de competitividad logradas por las empresas beneficiarias, al amparo de este régimen promocional en dos décadas?

10. Relacionado a lo anterior, ¿cuáles serían los fundamentos técnicos que justificarían extender este régimen promocional por 20 años más? ¿Por qué 20?

11. Este año vence la exoneración a las ganancias de capital en la Bolsa de Valores de Lima (BVL); ahora distintos grupos beneficiarios solicitan renovar esta exoneración. Llama la atención que comparativamente la renta generada por el factor trabajo (4ª y 5ª categoría) no esté exonerada generalizadamente, mientras que sí lo está la renta generada por el factor capital. ¿Por qué esta diferenciación? ¿Cuáles son las ganancias de competitividad de la BVL y de los emisores logradas gracias a la exoneración que se pretende extender?

12. El actual ministro de Justicia sufrió un mediático apedreamiento solo por plantear la necesidad de discutir el capítulo del Régimen Económico de la Constitución de 1993. ¿Acaso la llamada 4ª Revolución Industrial no ha cambiado los modelos de negocios y ello implica formas de relacionamiento más diversas desde el Estado? Curiosamente, el artículo 61 señala que el Estado facilita la libre competencia.

Para pensar un poco, ¿no?

¿Ya fuimos?

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Dado el crecimiento de la economía de casi cero en abril (0.02%), el obligado tema es saber si esto es solo un breve bache en la dinámica de la evolución del PBI (limitada por el producto pleno empleo al 4% anual), y entonces las cosas se componen sin hacer nada, o más bien se necesita tomar acciones de política macroeconómica. Me inclino más por esto último.

El PBI en abril tuvo un aumento interanual de 0.02%, la tasa más baja desde julio del 2009 (-1.4%). Factores explicativos de este casi nulo crecimiento es la menor captura de anchoveta (-89.8%), lo cual afectó a los sectores pesca (-63%) y manufactura primaria (-34.2%). Al efecto negativo de la pesca sobre el PBI (0.5 ptos) se suma el del sector manufactura que restó (1.76 ptos) y minería e hidrocarburos, restaron 0.35 puntos más, definiéndose así un efecto negativo acumulado de 2.61 puntos. Cabe mencionar que la pobre performance en abril también responde al haberse tenido dos días laborables menos por Semana Santa.

De otro lado, mirado por componentes de la demanda, destaca el aumento en abril de la inversión pública (18.9%) –que obviamente impulsó el salto del sector construcción. Contrariamente, en mayo la inversión pública se contrajo en 13.3%, siendo esta retracción relevante, dado que en este mismo mes pesca sigue cayendo (32%), arrastrando a la manufactura primaria; y si enfrentamos un sector externo que no ayuda: menores flujos comerciales y fortalecimiento del dólar, caída en precios del cobre, revisiones a la baja de proyecciones de crecimiento de la economía mundial, entre otras linduras, está claro que la demanda interna tiene un rol central, y de sus componentes el más a la mano, como instrumento macro, es la inversión pública, no solo por su efecto multiplicativo, sino también por su efecto sobre las expectativas.

Mitos urbanos y la esperanza en la inversión pública. Corregir un par de frecuentes errores sobre la inversión publica ayudaría a conceptuarla mejor: comúnmente se tiende a evaluar la importancia del gasto de capital del Estado solo por su participación en el PBI (5%), obviando que el crecimiento de este genera importantes externalidades positivas, en la forma de inducir más inversión privada.

Piénsese en el efecto económico de la integración a los mercados, que logran agricultores cuyas parcelas están en los alrededores de una carretera construida como un proyecto de inversión pública. Otro error es suponer que la inversión pública solo se asocia a gasto de capital y en lo absoluto a gasto corriente, obviando que los resultantes gastos de mantenimiento se constituyen como gasto corriente de carácter inercial o continuo.

¿Por dónde comenzar para lograr mayor ejecución de inversión pública? Miremos un caso emblemático de esta, como es el Programa de Reconstrucción con Cambios. De enero a mayo habría ejecutado solo el 12.7% del presupuesto anual, sobre una base original de S/ 2,200 millones para el 2019. Por ello, poco se entiende la reciente elevación del presupuesto asignado al programa a S/ 7,000 millones para este año. ¿Qué de diferente será hecho para revertir los bajos niveles de ejecución? Este incremento al programa que no gasta lo que tiene, se contrapone a la reciente frase del ministro de Economía: “Gastemos lo que tengamos”. De no resolverse estas contradicciones y sigue pasando el tiempo, como dirían los chicos: “ya fuimos” en el intento de crecer al menos 3% en el 2019.

Para preocuparnos

05.06

En el último Ranking de competitividad del Institute for Management Development (IMD) no nos fue bien. El Perú se ubicó en el puesto 55 de 63 países y solo mejoró en el pilar de desempeño económico. ¿Por qué seguimos en la cola y qué implica esto?

Lo que mide este índice estimado por el IMD es la capacidad de un país de gestionar sus recursos y competencias para incrementar su productividad y aumentar el bienestar de su población. Si bien podría parecer que descender una posición en este ranking no es relevante, pasar del puesto 54 al 55, sí lo es, no solo porque la puntuación obtenida este año (57.21) fue menor a la del año anterior (60.24), sino porque el Perú ha experimentado también una caída casi ininterrumpida desde la primera vez que participó en el mencionado ranking, en el 2008, y se posicionó en el lugar 35 de la tabla; estando en último lugar si tan solo miramos la liga del barrio, como la Alianza del Pacífico (Chile 42º, México 50º y Colombia 52º). Es decir, en términos sencillos, el resto de países promedialmente están haciendo mejor las cosas que nosotros, en lo que a mejora de competitividad se refiere.

Siendo cuatro pilares los que definen la puntuación del país en cuanto a competitividad: Eficiencia gubernamental, Desempeño económico, Eficacia de negocios e Infraestructura. En nuestro caso, el único pilar donde se mejora la posición es en el Desempeño económico, al pasar del puesto 55 al puesto 41. Aunque este avance fue impulsado por las mejoras en el subsector precios. Esto es la mejora reportada en la estabilidad monetaria sustentada por la estabilidad de precios (octavo puesto en subsector precios).

El caso es que, con una economía que tiende a desacelerarse, esta se asocia a menores presiones de demanda y sin choques adversos de oferta (costos), se podría explicar el cumplimiento de la meta inflacionaria definida por el BCRP. Pero esta estabilidad de precios se asocia también con una menor dinámica del PBI y de insuficiente empleo también. ¿Cuán sostenibles son estos resultados?

Si bien en el pilar Eficiencia gubernamental se descendió del puesto 49 al 51 y en Eficacia de negocios se descendió también del 51 al 55, creo que mucho más preocupante es que en el pilar Infraestructura no se desciende, pero sí estamos estabilizados como coleros en el lugar 61 de 63 países desde hace varios años.

Este pilar es particularmente importante, en tanto mensura el grado en el que los recursos básicos, tecnológicos, científicos y humanos logran satisfacer las necesidades de las empresas. Aunque el subsector de infraestructura básica mejoró cuatro posiciones y se pasó al puesto 54, en el subsector de salud y ambiente se descendió tres lugares, al puesto 51. El factor que no presenta mejora alguna sigue siendo infraestructura científica, que implica el gasto en investigaciones, el número de investigadores, el volumen de artículos científicos (papers).

Si entendemos que el grueso del PBI es generado por el sector privado, el actual estancamiento de la infraestructura no solo debilita la demanda interna afectándose el PBI de corto plazo, sino también el producto potencial al no tenerse un ascendente stock de capital físico y humano –determinantes de este último– comparado respecto al resto de países con los que competimos.

En el mundo actual, en medio de una Cuarta Revolución Industrial, donde en confluencia con avances tecnológicos, fusionados el mundo físico, digital y biológico, aparecen nuevos modelos de negocios, es perentorio, como primer paso, mejorar nuestro nivel de competitividad. Si no, ¿bajo qué condiciones nos insertamos en la economía internacional? Como para pensar un poquito, ¿no?

No son cuentos chinos

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Un asunto que debe quedar evidenciado es que a mayor apertura de un país a la economía internacional mayores son los vasos comunicantes con esta y, por tanto, los eventos que implican a la economía más grande del mundo como China (PBI US$ 25.313 billones en el 2018 medidos a paridad de poder adquisitivo por el FMI) tienen repercusiones mucho más rápidas y efectos más directos sobre en economías de creciente apertura como la nuestra. Veamos algunas evidencias.

China que se enfría

Hay una serie de indicios indicativos de la desaceleración del coloso asiático, mayor a lo inicialmente previsto por el FMI y el BM, y ello terminará pegando adversamente al crecimiento de nuestra economía. En el caso del FMI, en el World Economic Outlook de octubre pasado, disminuyó su pronóstico de crecimiento chino para este año de 6.4% a 6.2%, con futuras revisiones a la baja. Lo nuevo es cuánto afectará a la dinámica del crecimiento chino un no previsto reinicio de la guerra comercial con EE.UU., que comentaremos luego.

La sola inminencia del reinicio de la tensión comercial afecta adversamente –vía expectativas– al PBI manufacturero chino y con ello la demanda por metales como el cobre, cuyo precio viene cayendo desde abril, y así tenemos que este llega en la semana del 8 al 15 de mayo a US$ 2.72, evidenciándose una tendencia descendente iniciada un año atrás.

Una tendencia descendente del precio del cobre, en promedio, implica menos utilidades para las firmas mineras, afectándose negativamente la confianza empresarial y la inversión privada; con la resultante menor entrada de dólares y presiones devaluatorias sobre el sol. Demás está decir que menores utilidades implican menos Impuesto a la Renta y menos canon minero, afectándose en suma el riesgo país también.

Guerra comercial entre EE.UU.-China

La reciente reanudación de las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China se dio el primer fin de semana de mayo, cuando el presidente Trump anunció aumentos de aranceles a productos ya gravados por US$ 200,000 millones y no gravados por US$ 325,000 millones. El alza de aranceles se dio 10% a 25% en productos gravados, y anunciando alzas de aranceles del 25% sobre los US$ 325,000 millones restantes. La cereza en el helado para visibilizar la guerra comercial es el anuncio del domingo último cuando, producto de la inclusión de Huawei en una lista negra comercial que no permite que la empresa tenga acuerdos comerciales con empresas estadounidenses, Google señala que Huawei no podrá seguir usando el sistema Android original. Con todo esto las represalias chinas no se harán esperar. El tema es que una seguidilla de medidas adicionales ha incrementado la aversión al riesgo y ha afectado la estabilidad de precios de commodities. Es claro que los menores flujos comerciales resultantes generan menos oferta de dólares y así nuevas presiones devaluatorias en monedas de emergentes como el sol.

Dados estos adversos vientos externos, se necesita una sostenida mayor ejecución de la inversión pública puesto que, según el MEF, la expansión prevista de esta en 4.5% adicionaría en 0.3 puntos al PBI, la ocurrencia de este factor resulta indispensable para crecer este año en 3.5%; pues por ahora está muy difícil un acuerdo entre EE.UU. y China. Al final, lo descrito no son cuentos chinos, son hechos bien reales y debiera ser motivo de atención para los responsables de la política macroeconómica hoy.