China sin velitas

imagen1En los últimos años es cada vez más notorio el peso de China en la economía mundial y como determinante de la dinámica productiva emergente  como la peruana.

El título de mi artículo hace referencia a la aseveración de un ministro  de Economía, que en el 2011 refería ponerle velitas a China para que no se desacelere el crecimiento de esta, cuando en verdad dado el carácter exógeno de lo anterior, la disciplina económica nos dice que se deben desarrollar medidas macroprudenciales, más aún cuando justamente desde marzo del 2011 se inició marcadamente la desaceleración sostenida del PBI del gigante asiático.

China, además de ser la economía más grande del mundo (medida a paridad de poder adquisitivo), es un importante demandante mundial de metales en el mundo(ej., 48% del cobre), lo cual podría explicar la significativa correlación  entre la dinámica del PBI chino y el nuestro. Siendo el Perú un país pequeño, esto es sin influencia en la evolución de variables económicas internacionales y reconociendo el carácter exógeno que detenta la evolución de la economía china, el reto no es prender velitas, o sea, cruzarse de brazos, sino alternativamente desarrollar políticas macroprudenciales, como acumular dólares en la posición de cambios del BCRP, gestionar trayectoria descendente del déficit fiscal, recompra de deuda pública en dólares para convertirla en soles, etc.

El último informe del Banco Mundial se titula “Perspectivas de la economía mundial para el 2019: Se acerca el otoño”. Bajo dicha frase se caracteriza la  ralentizacion de la larga expansión vivida tras la crisis financiera mundial, consecuencia provocada por la las desaceleraciones de EE.UU. y China, las dos principales economías del mundo (40% del PBI).

Un primer causante explicativo de lo anterior fue el inicio ( ahora calma, pero pudiera reactivarse en cualquier momento) del conflicto comercial entre EE.UU. y China, cuyo efecto directo según S&P lo cuantifica en 1% del PBI, los resultantes flujos comerciales menores que implican menos dólares circulando, originándose presiones devaluatorias, pero además hay otros riesgos.

El conflicto comercial además tiene como correlato una trasferencia más lenta de tecnología a China desde Occidente y la reubicación de las cadenas de suministros de China, afectándose adversamente las estructura de producción y de costos. Por ello, los efectos de la guerra comercial son de corto y largo plazo.

La desaceleración de la economía china podría ser resultado también de la retirada de incentivos fiscales en EE.UU., con lo cual – demanda más moderada – limitaría el crecimiento gringo hasta el 2%, debilitándose importaciones- incluidas las provenientes de China. No obstante se ha anunciado que China desarrollará una política muy activa vía deducciones del impuesto al valor agregado, la contribución a la seguridad social y al impuesto a la renta empresarial, ello junto a la flexibilización monetaria vía reducción del encaje, una ligera depreciación del yuan y el ajuste de la políticas regulatorias, con la que afronte los factores adversos provenientes de los EE.UU.

Aún con todo, la desaceleración de la producción industrial (que pega al precio del cobre, utilidades de las empresas mineras, confianza empresarial e inversión privada), las ventas minoristas y la caída de la bolsa desde el 2018 en adelante, los chinos son conscientes con la desaceleración proyectada por su banco central, pronosticando que el crecimiento de su PBI se desacelerará a 6.2% en el 2019 (6% según Goldman Sachs), inferior a la previsión del 2018 del 6.6%. Si todo indica que la desaceleración china es un hecho, ¿cuáles son las medidas macroprudenciales por adoptar? Porque la estrategia de prender velitas no sirvió ni serviría para mucho, ¿no?

 

Más allá del PBI

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Uno de los datos más solicitados a los economistas en estas épocas trata sobre cuanto crecerá la economía este 2019, esto es, en cuánto crecerá la riqueza producida medida por el tantas veces referido  crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI).

Pero nos hemos preguntando, dada la importancia que se le da al numerito de marras, ¿la riqueza incrementada es condición necesaria y suficiente para que tengamos más felicidad? ¿Esta expresa y deliberadamente el bienestar de las personas referido como objetivo de la política macroeconómica implementada por la actual administración?

Rumbo a la felicidad 

El MEF Y BCRP señalan que creceríamos este 2019 en 4 %. Mirando una primera implicancia directa de este número es que este es inferior al necesario 5% -dada la actual estructura productiva- para absorber a los 240,000 jóvenes que se incorporan al mercado laboral.

Pero alrededor del PBI hay cuestiones adicionales: al margen de sus conocidas limitaciones tanto como indicador de la riqueza neta producida al sobrevaluarla (ejemplo, la omisión de la informalidad); o que tras de sí el PBI esconde una bastante desigual distribución, con un coeficiente de Gini de 0.44.

A las limitantes señales se suman la que hizo, hace más de 40 años atrás (1970), Easterlin cuando señalaba que a partir de determinado nivel más ingresos no estarían asociados necesariamente con mayor felicidad. En el mismo sentido, para el caso de un país especifico como China, de acuerdo a Easterlin, F. Wang y S. Wang (2017), mientras que su PBI se multiplicó 4.2 veces en los últimos 15 años el bienestar de la población se redujo.

¿Qué podría estar pasando? Según Brickman y Campbell( 1971), estaríamos frente a un proceso psicológico donde, por ejemplo, una mejora en las condiciones se difumina en el tiempo porque la felicidad de la gente retorna a su estado de partida. Alternativamente, KahnemanyDeaton (2010) plantean que el ingreso absoluto sería relevante hasta cuando se logren satisfacer las necesidades básicas, luego de lo cual el ingreso no adicionaría capacidad a la gente para mejorar su bienestar comenzando por la parte emocional.

Para añadir elementos a la presente discusión, ¿la sensación de bienestar promedio independiente de la desigualdad en la distribución del ingreso? Cuando unas pocas personas ven mejorados sustantivamente sus ingresos económicos y en muchos otros ellos sucede marginalmente, ¿la sensación de bienestar es mayor respecto aquello donde no hubiese ocurrido mejora alguna para nadie? Una simple evidencia de lo anterior son, por ejemplo, las “cariñosas” miradas por parte de la gente que atiborra una combi en hora punta en verano dirigidas hacia los que en el otro carril van cómodamente en sus modernos vehículos.

Como veremos, el pensar específicamente en el bienestar  de la gente como objetivo de política va mucho mas allá de solo anunciar promesas sobre el crecimiento del PBI. Quizás una demostración de un genuino interés por el bienestar sería explicar, por parte del Gobierno, cómo pasar a este último objetivo, desde los oficialistas (y optimistas) anuncios de crecimiento, ¿sería útil no?

¡Exitoso 2019! para todos.

 

Reforma laboral: los dos lados de la ecuación

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En las últimas semanas, se ha comentado sobre el propósito del Gobierno de desarrollar una reforma laboral, buscando flexibilizar más el mercado laboral, en tanto se asumiría que la mano de obra es el factor crítico (para algunos único) a fin de mejorar la competitividad: “Si no flexibilizamos el aspecto laboral, va a ser difícil que podamos crecer 5 o 6 %, dice el presidente de la Confiep. Evaluamos brevemente el tema.

Para comenzar, la demanda de mano de obra es una demanda derivada de la magnitud de producción y adscripción sectorial de las empresas, por lo cual interesa saber qué pasará con la actividad económica. Al respecto el presidente Vizcarra estima un crecimiento de la economía en 4% en el 2018, mayor al año pasado de 2.5%, teniendo como fundamentos esperados que la inversión privada crezca en 4.7% y la publica en 10%, que el déficit fiscal, teniendo un limite establecido para el 2018 de 3.5% del PBI y el 2019 el PBI crecería 4,9% sustentado en un aumento de la demanda interna en 4%, habiendo crecido esta en 4.3% en el 2018.

También refiere el presidente que detrás del aumento de la inversión privada está el crecimiento de la inversión minera, que crecerá 19% en el 2018 por ampliación de Toromocho, Quellaveco y Mina Justa. Además, mencionó otros proyectos, como la ampliación del aeropuerto Jorge Chávez  y los puertos San Martín y Salaverry, y la explotación del lote 95. Demanda por mano de obra.

Es en este auspicioso escenario en que aparece un run run grande sobre una venidera reforma laboral, con el acento cargado en el recorte de derechos como la duración de las vacaciones. Ante un resultante amago de incendio en la pradera, el Gobierno señalaba que: “Este Gobierno no pretende realizar una reforma laboral que recorte los derechos adquiridos de los trabajadores, ni de quienes se incorporen al mercado laboral” señalaba el presidente Vizcarra, a pesar de que en la CADE refirió: “Uno de los factores que eleva los índices de informalidad es el alto costo laboral no salarial”, en un contexto contradictoriamente enrarecido, por declaraciones a la ves del primer ministro y el ministro de Economía respecto al periodo vacacional de los trabajadores formales, siendo la cereza del helado la renuncia del ministro de Trabajo.

Al margen de que en realidad la reforma laboral anunciada tendería a flexibilizar el mercado de trabajo (flexibilizar despidos, reducir aporte a Essalud, etc.) y convertir a la mano de obra, que es un factor cada vez más variable , e independientemente que el Gobierno no cuente hoy con espalada política para emprender reformas estructurales del calado de la laboral (sería un error extrapolar el apoyo recibido en el  referéndum), debo señalar que el grado de competitividad de las empresas no se define solo por la productividad laboral, porque el trabajo no es el único factor productivo, y que la productividad de la empresa también dependa, por ejemplo, de la productividad del capital.

Al margen de que hoy existe una enorme asimetría entre al productividades laborales por sectores – por ejemplo, entre un  trabajador minero y uno de servicios-, ¿algunos de los proponentes de la reforma laboral ha preguntado algo sobre las productividades del capital? ¿Por qué no discutimos sobre las productividades factoriales y de pasada sobre las sinergias entre estas? Finalmente, se contrata mano de obra mirando solo su efecto sobre el costo, o se compara este con la contribución a la agregación de valor por el trabajador. ¿La ecuación tiene dos lados, no?

PD: Lindas navidades y exitoso 2019 para todos.

 

 

Paradojas

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En la última CADE, un funcionario de la compañía peruana InRetail, llamaba a la “resistencia empresarial”. “No podemos dejar que la burocracia mate nuestro sentido común”, afirmaba, basando este factor en la pérdida de la eficiencia para la economía.

Lo curioso es que pocos meses atrás InRetail compró Quicorp por USD 583 millones, con lo cual la participación de la mencionada empresa en el segmento moderno del mercado farmacéutico minorista, paso al 83% ¿Esto último no reduce la libre competencia, y también la tan reclamada eficiencia económica?

Creo que es evidente que mercados concentrados están en la antípoda de la libre competencia, con lo cual se puede afectar adversamente no solo el interés de los consumidores, sino también el funcionamiento de los mercados como asignadores eficientes de recursos.

Es una realidad que una parte de los mercados en el Perú presenta un grado importante de concentración, medida por el índice de Herfindahl Hirschman. Cuanto más cercano a 1 existe más concentración. Al respecto, en el Perú este índice es 1 en el mercado de cerveza, 0.85 en gas natural, 0.82 en lácteos, entre otros.

El punto es que estos niveles de concentración responden en no pocos casos a decisiones (F&A), en la búsqueda de economías de escala y alcance.

http://centrumaldia.com/Docs/files/kurt_paradojas.pdf

Desarrollo Tecnológico y Nuevos Retos

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Semanas atrás, supimos del ataque a los sistemas informáticos que manejan los cajeros electrónicos de algunos bancos, lo que originó una serie de acciones reactivas, que si bien fueron exitosas para detener el ciberataque, a la vez ello evidenciaría en esas organizaciones alguna falta de proactividad frente a las nuevas amenazas y retos resultantes de un dinámico desarrollo tecnológico que parcialmente configura la llamada Cuarta Revolución Industrial.

Dado este desafío, para enfrentarlo las organizaciones tienen distintas opciones para replicar las mejores prácticas contenidas en una norma ISO, como la 27001, de seguridad de la información. Veamos algo más de esto.

En principio, ¿qué es la denominada Cuarta Revolución Industrial?  Es un proceso marcado por la convergencia de tecnologías digitales, físicas y biológicas, en continua evolución, que anticipan cambios sustantivos en el mundo, respecto al actual. Cabe señalar también que esta se ve impulsada principalmente por los desarrollos de la tecnología y la digitalización, factores que le imprimen una velocidad y amplitud de alcance, muy superiores a las tres revoluciones anteriores, determinadas por la máquina de vapor, electricidad y ordenadores, respectivamente.

En un contexto de integración de mercados, la competitividad es fundamental, y funcional a esta última condición tenemos las denominadas normas ISO (Organismo Internacional de estandarización) siendo estas un conjunto de preceptos de adopción voluntaria, dirigidos a ordenar la gestión de una organización en sus distintos ámbitos. Ello contextuado en una creciente competencia internacional impulsada por procesos globalizadores de la economía y mercados, contándose además con un mayor empoderamiento de los consumidores, originándose así que estas normas, no obstante el carácter voluntario de su adopción, ganen mucho reconocimiento internacional.

Plan de Contingencia para Buscar Mejora Económica del País

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El profesor Kurt Burneo, indicó que las últimas investigaciones por el caso “Lavajato” podrían rentalizar la toma de decisiones en el sector público y ante ello señaló que el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) debería establecer un “Plan de Contingencia”.

Asimismo, el profesor Burneo expresó que las previsiones de crecimiento del PBI se empiezan a revisar a la baja, “en el marco económico multianual se proyectaba un crecimiento de 4% a final de 2018 y ahora se habla de previsiones de 3.7% aproximadamente; entonces, si no se hace nada y se actúa con demora la tasa del crecimiento del PBI podría estar por debajo del 3.5%”.

Indicó el profesor Kurt Burneo que son 240 mil personas que anualmente se incorporan al mercado laboral, y por ello la economía necesita crecer por lo menos a una tasa del 5% anual para evitar un aumento del subempleo.

Además propuso como una medida transitoria para buscar la mejora económica del país, establecer prioridades para la ejecución del gasto en las tareas de reconstrucción en el norte del país, y que esta tarea se encuentre en manos de los ministerios y no de los gobiernos locales que han evidenciado una falta de capacidad de gestión.